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Conservación inclusiva: cuando cuidar la naturaleza también significa cuidar a las personas

Hablar de conservación en Colombia ya no puede limitarse a proteger áreas o especies.
Así lo deja claro el Colombia Country Report de WWF: los desafíos ambientales del país están profundamente conectados con la forma en que producimos, financiamos y habitamos el territorio.

En regiones como la Orinoquía, esta relación es evidente.
Aquí, la biodiversidad no es un paisaje lejano: es el suelo que produce, el agua que sostiene la vida y la base de miles de economías rurales. Cuando la conservación excluye a las comunidades, fracasa. Y cuando el desarrollo ignora la naturaleza, también.

Por eso, el verdadero reto no es conservar o desarrollarse.
Es avanzar hacia una conservación inclusiva, donde las personas sean parte activa de la solución y no un factor externo a controlar.

El informe de WWF insiste en algo fundamental: sin medios de vida sostenibles, sin alternativas económicas reales y sin gobernanza local, la presión sobre los ecosistemas seguirá creciendo. La protección ambiental no puede sostenerse sobre la precariedad de quienes viven en el territorio.

Aquí es donde el enfoque cambia.

Desde Fundación Amanecer entendemos que la inclusión financiera también es una estrategia de conservación. El acceso a microcrédito responsable, el fortalecimiento de asociaciones productivas y el acompañamiento a proyectos rurales no solo generan ingresos: reducen la vulnerabilidad, mejoran la toma de decisiones productivas y permiten que las comunidades inviertan en prácticas más sostenibles.

Conservación inclusiva significa que un campesino no tenga que elegir entre producir o cuidar.
Que una mujer emprendedora pueda liderar una actividad económica alineada con el territorio.
Que una comunidad organizada tenga voz, capacidad de gestión y futuro.

La Orinoquía necesita menos soluciones importadas y más modelos que nazcan desde el territorio, con financiamiento adecuado, visión de largo plazo y respeto por sus dinámicas sociales y ambientales.

La filantropía tradicional ha sido importante, pero hoy no es suficiente.
El país necesita capital con propósito, inclusión financiera y desarrollo productivo que entiendan que la sostenibilidad no se decreta: se construye con la gente.

Cuidar la biodiversidad de Colombia implica una verdad incómoda pero necesaria:
no habrá conservación duradera si no hay bienestar, autonomía y oportunidades para quienes viven donde la naturaleza aún resiste.

Y en esa ecuación, invertir en las personas es invertir en el territorio.