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Más de 9 millones de hectáreas empiezan a existir: una reflexión sobre territorio, datos y desarrollo

Hace unos días leí un post que me dejó pensando: más de 9 millones de hectáreas de Territorios Étnicos Formalizados están siendo incorporadas a la base de datos catastral del país, gracias a una nueva resolución del IGAC.

La cifra es enorme. Pero el verdadero impacto no está solo en el número, sino en lo que significa: territorios que durante años fueron invisibles para el Estado, el sistema financiero y la planificación del desarrollo, empiezan a existir oficialmente en los mapas y en los datos.

La Apertura de la Gestión Catastral con Enfoque Multipropósito en Territorios Étnicos Formalizados no es un trámite técnico más. Es un cambio silencioso, pero profundo, en la manera como entendemos el territorio. Reconoce que la tierra no es solo superficie: es identidad, economía, cultura y futuro.

En regiones como la Orinoquía, donde grandes extensiones rurales sostienen comunidades campesinas y étnicas, la ausencia de información catastral actualizada ha sido una barrera estructural. Sin datos claros sobre la tierra, no hay seguridad jurídica; sin seguridad jurídica, no hay acceso a crédito; y sin acceso a crédito, el desarrollo se queda en promesa.

Aquí es donde esta resolución conecta directamente con el desarrollo rural y la inclusión financiera.

Un catastro multipropósito no solo ordena el territorio:
✔️ habilita la planeación
✔️ fortalece la gobernanza local
✔️ reduce conflictos
✔️ y abre la puerta a proyectos productivos sostenibles

Desde la experiencia de Fundación Amanecer, sabemos que cuando una comunidad tiene claridad sobre su territorio, también gana capacidad para organizarse, asociarse y proyectarse. El microcrédito responsable, el fortalecimiento de asociaciones y el acompañamiento productivo funcionan mejor cuando la tierra deja de ser una incertidumbre y se convierte en un activo reconocido.

Además, esta apertura catastral incorpora algo clave: el reconocimiento de las particularidades de los territorios étnicos, su propiedad colectiva, sus usos tradicionales y la necesidad de procesos participativos. No se trata solo de medir, sino de medir respetando.

Más de 9 millones de hectáreas entrando al sistema catastral no son solo datos nuevos. Son comunidades que empiezan a ser visibles. Son oportunidades para cerrar brechas históricas. Son territorios que pueden pasar de la informalidad al desarrollo planificado.

Tal vez el verdadero valor de esta resolución no esté en los mapas que se actualizan, sino en lo que hace posible: un desarrollo más justo, más incluyente y conectado con la realidad del territorio.

Porque cuando el territorio se reconoce, el futuro deja de ser invisible.

Fundación Amanecer.