En la extensa Orinoquía y en las tierras altas del centro del país —Boyacá y Cundinamarca—, las mujeres rurales son motor de la producción agrícola y del sustento familiar, pero su trabajo sigue siendo poco visible y enfrentan barreras estructurales que limitan sus oportunidades.
Un panorama con cifras: la realidad rural femenina
En Colombia hay alrededor de 10,6 millones de campesinos y campesinas, de los cuales aproximadamente 5,16 millones son mujeres, lo que representa una parte significativa de la fuerza rural del país.
Sin embargo, las brechas son claras:
• Las mujeres representan menos de la mitad de los propietarios únicos de tierra rural (36,3%), frente a los hombres, y suelen poseer parcelas de menor tamaño.
• En las zonas rurales la participación femenina en la fuerza ocupada es menor que la de los hombres, y muchas realizan trabajo no remunerado o con poca seguridad económica.
• En regiones como Meta, solo 22 % de las tierras cultivables están siendo aprovechadas, pese a su enorme potencial productivo, lo que evidencia también desafíos en acceso a mercados y organización productiva.
La Orinoquía y el centro del país: una mirada más cercana
La Orinoquía —que incluye Casanare, Meta, Arauca y Vichada— es un territorio clave para la agricultura nacional. Aquí las mujeres han liderado iniciativas campesinas y redes de comercialización, con participación cercana al 49 % en algunos programas de fortalecimiento productivo promovidos por organizaciones como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.
En Boyacá y Cundinamarca, donde gran parte de la producción de papa, maíz, hortalizas y café es parte de la economía familiar, las mujeres rurales también han venido ganando espacio a través de asociaciones y organizaciones locales que impulsan el acceso a capacitación y mercados.
A pesar de estos esfuerzos, las desigualdades persisten en acceso a tierra, crédito, servicios y apoyo técnico, factores que condicionan la sostenibilidad de sus unidades productivas.
Fundación Amanecer.