El envejecimiento está transformando la economía colombiana. Las cifras son contundentes: menos nacimientos, más población mayor y un cambio estructural que, en pocos años, hará que las personas mayores superen a los menores de 15 años.
La conversación pública suele centrarse en el impacto fiscal, en el sistema de salud o en el mercado laboral. Sin embargo, hay una pregunta que aparece menos y que es clave: ¿qué significa envejecer en los territorios rurales y periféricos del país?
En regiones como la Orinoquía, Boyacá y Cundinamarca, el envejecimiento no es una tendencia futura: es una realidad silenciosa. Muchos jóvenes migran en busca de oportunidades, mientras los territorios quedan sostenidos por adultos mayores que continúan produciendo, cuidando la tierra, liderando asociaciones y transmitiendo conocimiento productivo y cultural.
En este contexto, la economía plateada no se limita a servicios de salud o vivienda especializada. También está profundamente conectada con la productividad rural, la autonomía económica, el arraigo y la dignidad en la vejez.
Mientras el debate nacional suele enfocarse en innovación, tecnología y nuevos modelos urbanos, en el campo la pregunta es más básica y más profunda: ¿cómo asegurar que las personas mayores puedan seguir participando de la economía, sin quedar atrapadas en la informalidad o la dependencia?
Desde la experiencia territorial de Fundación Amanecer, el envejecimiento también evidencia una brecha estructural que va más allá de la edad: el acceso al sistema financiero. Muchos adultos mayores rurales nunca han tenido crédito formal, ahorro estructurado o acompañamiento financiero, a pesar de haber sido productivos durante toda su vida.
En este escenario, la inclusión financiera no es un producto: es una estrategia de bienestar.
El microcrédito responsable, el fortalecimiento de asociaciones productivas y el acompañamiento a emprendimientos rurales permiten que las personas mayores sigan activas económicamente, transfieran conocimiento, lideren procesos colectivos y construyan ingresos que no dependan exclusivamente de subsidios o ayudas.
Además, el envejecimiento también abre oportunidades. Las personas mayores no solo demandan servicios: también crean valor. Emprendimientos agrícolas, turismo comunitario, transformación de productos locales y economías del cuidado pueden convertirse en motores locales si cuentan con financiamiento, organización y acceso a mercados.
La economía plateada, vista desde el territorio, no trata únicamente de atender una etapa de la vida. Trata de reconocer el aporte económico y social de quienes han sostenido el campo durante décadas y de diseñar soluciones que respeten su ritmo, su experiencia y su arraigo.
Colombia está envejeciendo. La pregunta no es si el país está preparado, sino desde dónde se está pensando ese envejecimiento.
Si se analiza únicamente desde las ciudades, se perderá una oportunidad enorme. Si se entiende desde los territorios —como Orinoquía, Boyacá y Cundinamarca—, el envejecimiento puede convertirse en una palanca de desarrollo inclusivo, cohesión social y sostenibilidad.
Porque envejecer no debería significar salir del sistema.
Debería significar seguir siendo parte del futuro.
Fundación Amanecer